martes, 22 de mayo de 2012

“Se aprende a escribir escribiendo”



Mucho antes de que comprendan la naturaleza del sistema alfabético, los niños pueden intentar escribir por sí mismos con ayuda del docente y fuentes de información disponibles.
En el aula siempre hay una ocasión para escribir. Las situaciones de escritura se pueden introducir bajo diversas modalidades: dictar a la maestra y a pares; reproducir escrituras fijas (como el propio nombre, los nombres de los compañeros, de los días y los meses; de las materias que se reiteran en días fijos todas las semanas); tomar notas o copiar repertorios de textos que se emplearán en otras oportunidades (datos informativos sobre un tema; inicios y finales de cuentos); producir textos despejados (listas, rótulos, epígrafes) y textos más extensos (cuentos, reseñas, cartas, noticia). En muchas de estas situaciones, el docente organiza la clase para que los niños escriban solos, en parejas o en pequeños grupos.
Es indispensable que las situaciones de escritura coexistan en la cotidianidad del aula y sean sostenidas en el tiempo. Es por ello que en la planificación que hemos compartido desde nuestro primer encuentro poníamos en evidencia, además del proyecto, actividades habituales de escritura.
Las escrituras de los niños
Para abordar la enseñanza de la escritura es necesario entender cómo escriben los niños al inicio de la alfabetización y qué están pensando acerca del sistema de escritura.
Los niños en la “edad de la escritura” realizan considerados esfuerzos por comprender qué es lo que la escritura representa y cómo lo representa a través de la creación de hipótesis originales acerca del sistema de representación. Los niños muy pequeños consiguen diferenciar la escritura de otros sistemas de representación gráfica y establecen condiciones necesarias para que las producciones -propias o ajenas- resulten
legibles y se diferencien entre sí (cantidad y variedad de caracteres). Estas primeras interpretaciones sobre lo que está escrito son dependientes de las condiciones externas -como el contexto oral o gráfico- y de las condiciones internas, es decir, la idea de que son los nombres los que están escritos (hipótesis del nombre). En este proceso de construcción de sucesivas formas de diferenciación, los niños llegan a tomar en cuenta no sólo los aspectos cuantitativos de la escritura sino también la calidad de las marcas gráficas.
En el aula de los primeros años conviven diferentes escrituras en relación con la comprensión de nuestro sistema alfabético. Estas modalidades presentan problemas relativos a la producción material: cuántas y cuáles letras se necesitan poner y en qué orden “para que diga”.
Estas situaciones obligan a los niños - con intervención del docente-, a poner en juego soluciones que constituyen avances en la adquisición del sistema. La creación de un ambiente alfabetizador La escritura no existe en el vacío sino que se presenta de manera contextuada como un conjunto de marcas gráficas con una organización particular.
Para que los niños aprendan a leer leyendo y a escribir escribiendo es fundamental crear un ambiente alfabetizador en las aulas. Para ello es indispensable contar con variados y numerosos portadores de textos, es decir soportes materiales que portan escrituras y que tienen nombre y función:
- cuadros con horarios, agendas semanales, almanaques, calendarios, agendas de cumpleaños;
- libros, diarios, revistas, envases, juegos, folletos, diccionarios;
- materiales propios de la organización de la biblioteca del aula: fichas de libros, fichas de lectores, inventarios, agendas de lectura, registros
de préstamo;
- rótulos, listas;
- un abecedario en un lugar visible y al alcance de los niños;
- fichero de nombres, bancos de datos;
- carteles con acuerdos grupales;
-tomas de notas colectivas, planes de escritura de textos;
-etc.
La lista resulta muy extensa de establecer. Pero la sola presencia de estos portadores escritos no garantiza su conocimiento. Los niños deben saber qué dice cada una de esas escrituras. Por ejemplo: que en el calendario de cumpleaños están los meses y saber cuáles son; que en el horario están los días de la semana, los nombres de los maestros especiales y actividades escolares: música, plástica, comedor, huerta o educación física. El maestro debe propiciar situaciones en las que se recurra a estos materiales ya que los niños no lo harán espontáneamente.
Es decir, hay que “hacerlos funcionar en el aula”, frecuentarlos, ponerlos en uso. Para ello hace falta una continua y sistemática interacción con los mismos en el marco de situaciones de interpretación y producción para transformarlos en objetos lingüísticos
-Si los niños están listando en grupo animales de mar que desean investigar y alguno de ellos pregunta “-¿Con cuál va ‘pulpo’? ¿Con la de ‘Pulgarcito’?” El docente puede sugerir: -Fijate en la biblioteca que está ‘Pulgarcito.’ “
-Si están escribiendo el final de un cuento clásico que dictaron al docente -dado que se han acordado diferentes finales para la versión en parejas- y alguien pregunta “¿’mágica’ va con ‘ge’ o con ‘jota’?” La docente puede sugerir que recurran a la toma de notas donde figura “magia” y también “varita mágica”.
-Si están completando los datos del lugar, fecha, destinatario y firmante en la invitación para la obra de títeres –cuyo cuerpo fue dictado al docente- y alguien pregunta “¿Cómo se escribe “jueves”? ¿Y “mayo”?” La docente puede proponer: “Vayan al almanaque y fíjense donde dice ‘jueves’”, “En el panel de los cumpleaños está ‘mayo’ ¿lo encontraron?”, “En tu nombre falta una letra, fijate en tu cartel cuál es la que
te falta…”

Condiciones didácticas que propician situaciones de escritura en el aula
  •  Concebir a los niños como escritores plenos. Considerar que todos pueden escribir, cada uno con sus posibilidades y desde sus conceptualizaciones acerca del sistema; que son capaces de producir textos diversos en el marco de situaciones específicas evitando
  • aquellas situaciones en las que los niños quedan posicionados como meros “copiadores” de textos irrelevantes en situaciones de poco sentido para ellos.
  •  Ofrecer oportunidades para avanzar en el aprendizaje del sistema de escritura y en el aprendizaje del lenguaje que se escribe simultáneamente con propuestas centradas en la producción de textos que posibiliten alternar situaciones de escritura directa y mediada
  • por el docente.
  •  Promover la producción cooperativa de escrituras para favorecer la confrontación de conceptualizaciones diferentes y el intercambio de conocimientos específicos, así como la adopción alternativa de roles diferentes: escritor y lector de la escritura, dictante y registrador de lo que el compañero dicta.
  •  Propiciar un clima de confianza para que los niños puedan escribir, solicitar y ofrecer información, confrontar ideas sobre lo escrito, aproximándose paulatinamente a una producción escrita cada vez más próxima a la escritura convencional. No se trata sólo de “escribir como puedan” sino “lo mejor que puedan”.
  •  Propiciar el empleo de diversos soportes e instrumentos para escribir: cuaderno, papelitos sueltos, libretas, hojas borradores y hojas definitivas, afiches, máquinas de escribir o procesador de texto -si las hubiere-; lápices y goma, tiza y borrador, fibrones, equipo de letras, etc.
  •  Poner a disposición de los niños todas las fuentes de información posible.
  • Es necesario plantear acciones en donde el nombre propio3 ocupe un lugar fundamental. Lejos de constituirse en un ejercicio rutinario de identificación y copia sin sentido, reconocer el nombre y reproducirlo de manera convencional son situaciones didácticas que brindan valiosas oportunidades a los niños para ampliar el conocimiento sobre el sistema de escritura. También es posible desarrollar en el aula situaciones cotidianas en torno a otros nombres y enunciados combinando variados soportes y alternando los modos de organización de la clase en distintas modalidades -en parejas, en grupos o individualmente-. En todos los casos la búsqueda y localización de nombre propios y otros enunciados - así como también su reproducción o copia- son situaciones didácticas que se realizan durante todo el año escolar cumpliendo diversos propósitos.

La construcción del aula como ambiente alfabetizador
Será necesario poner a disposición de los niños materiales escritos que sirvan como seguras fuentes de información y que generen una creciente autonomía en su proceso lector y escritor.
Los materiales que favorecen el constante intercambio y reflexión con el sistema de escritura y el lenguaje escrito pueden ser: carteles con el propio nombre, abecedario, rótulos, almanaques, horario semanal, carteles con los días y los meses del año, la biblioteca áulica, carteleras...
Es importante que la organización del aula sea un trabajo compartido con los alumnos, por lo tanto, es una tarea recomendable para los primeros tiempos en primer año. Para tal fin es posible planificar desafiantes situaciones de lectura y escritura.

El trabajo con el nombre propio

Poder reproducir el nombre propio tiene una alta significación social y personal; es casi un gesto inicial que introduce al niño en el mundo de la lengua escrita. Por lo tanto, es uno de los primeros referentes utilizados para que su escritura aparezca en el salón.
  • ¿Cómo preparar los carteles con los nombres?
Confeccionarlos con letra de imprenta mayúscula, utilizando un soporte de un solo color y con un mismo marcador, de forma tal que solamente las letras indiquen lo que dice.
¿Por qué no facilitar la tarea agregando otras referencias como fotos o dibujos? Porque el propósito didáctico es plantear una situación compleja, que genere con los niños múltiples problemas en las sucesivas búsquedas y encuentros con el material. El objetivo no es encontrar el nombre de manera inmediata, es propiciar en el tiempo ricos intercambios sobre la escritura con el maestro y los compañeros, donde una y otra vez sea posible informarse, opinar y discutir sobre aquello que aparece escrito” (Molinari y otros, 2000).
Para el desarrollo de las distintas actividades es útil contar con varios juegos de carteles o tarjetas. Es importante que los carteles estén “a la vista” en función de su propósito:
Una lista igual a la del registro de asistencia (un poco más grande para que se pueda ver) con nombre completo y apellido. Un registro de los meses y del nombre de quién cumple años cada mes.
 Nombres móviles pegados con chinches que permita llevarlo a la mesa para copiarlo.
 Estos nombres pueden ser ubicados debajo de las letras del abecedario para que indiquen las iniciales.
 Un fichero con fichas de datos personales.

 Copiar el nombre
Los niños empiezan a escribir sus nombres copiándolos. Copiar el nombre no es simple para un niño que se inicia en el aprendizaje de la escritura. Para que la nueva escritura sea una reproducción del modelo, se deben colocar de izquierda a derecha las mismas letras en el mismo orden además de respetar la orientación y forma de las grafías.
Resulta provechoso permitir a los niños que lo realicen las veces que deseen, así como regalarles el cartel para llevarlo a casa y seguir realizando intentos. La copia del nombre se propone durante varios días hasta que, paulatinamente, se independizan del uso del cartel y comienzan a reproducirlo de memoria
¿Cómo enseñar a copiar el nombre?
Una buena situación para aprender a copiar puede ser la confección de nuevas tarjetas con el nombre (esta vez escritas por el alumno), para ser utilizadas en actividades posteriores. Se trata de una situación de trabajo uno a uno (maestro/ niño) o de maestro/ pequeño grupo (no más de tres). Acercarse al niño e indicarle que tiene que escribir su nombre, de forma tal, que quede igual que en el cartel.
“Voy a empezar por ésta, la voy a hacer lo más parecida posible, ¿cómo me salió?, ¿te parece que está igual? Ahora voy a hacer esta otra”.
A veces el maestro hace una “poco parecida” y, a partir de los comentarios del nene —“este palito está mal; la panza es para el otro lado”— la borra y vuelve a trazarla. Luego lo invita a participar en la reproducción de una de las letras, incluso tapando las otras para que pueda concentrarse en el trazado lo más parecido posible de la que está intentando. El docente interviene para poner en primer plano la convencionalidad de los signos y la pertenencia a un restringido universo de signos —los que sirven para escribir— por ejemplo: “¿Cómo te salió? ¿Te parece que está igual?”
Es importante saber que si las grafías no salen del todo bien se puede borrar e intentarlo nuevamente. Y, en todo caso, habrá muchas otras oportunidades para realizarlas y aprenderlas.
Para los niños que ya saben escribirlo resulta más desafiante la propuesta de copiar o atreverse a escribir por sí mismos, el nombre de algún compañero o el del docente.
Actividades habituales donde se leen y escriben los nombres
  • Tomar lista:
Distribuir en una superficie adecuada los carteles con los nombres de todos los alumnos:
Cada uno va a buscar el suyo para colocarlos en el lugar de los presentes del día” “¿Cuáles quedaron?” “¿Dónde los ponemos?”
- Organizar los grupos de trabajo:
Escribir en el pizarrón los nombres de los integrantes de los diferentes grupos de trabajo.
“Hoy van a trabajar en grupos, cada uno se fija donde está incluido”
- Distribuir tareas:
Poner en una bolsa tarjetas con los nombres, a medida que se van proponiendo actividades se saca una tarjeta y se pregunta:
“¿Quién la va a realizar?” “¿Quién cuenta un cuento?” “¿Quién será el bibliotecario esta semana?”
  • Identificar pertenencias:
Es posible rotular los útiles escolares, escribir los nombres de los integrantes del grupo en una producción escrita, firmar los trabajos individuales, entre otras situaciones.
  • Anotar su nombre en el registro de préstamo y devolución de libros.
  • Leer los nombres para confeccionar la lista de cumpleaños.
  Actividades independientes donde se leen y escriben los nombres

  • El juego de las pistas
Consiste en adivinar el nombre elegido a partir de algunos datos. La idea es que se den pistas vinculadas a los segmentos orales que lo conforman, como por ejemplo: la sílaba inicial y /o final. Si no adivinan se agregan más pistas: “Empieza con la de... y sigue con la de...”Es conveniente que el maestro comience con su propio nombre para que los alumnos comprendan las características del juego y luego invitarlos a que se animen a seguir jugando ellos. Si los niños dicen la palabra completa o dan demasiadas pistas, se les advierte que si dan muchos datos el juego no tiene gracia, que hay que intentar hacerlo más difícil. El docente escribe lo que los niños van diciendo y las respuestas que van dando.
Es importante en las situaciones de interpretación pasar progresivamente de un universo restringido a uno amplio. Por ejemplo, recibir y reconocer el propio nombre, luego reconocerlo entre los de su mesa y posteriormente distinguir el suyo entre los de las nenas o los varones o a reconocerlo entre todos los de la clase. El aula como un ambiente alfabetizador
  • ¿Rima o no rima?
Se piensan rimas con los nombres de cada niño. Comienza el maestro y continúan los niños. Por ejemplo: Mabel - papel; Juan – pan; Karina- cocina A continuación, pueden escribir en el pizarrón las palabras rimadas para que observen que las partes que se pronuncian igual se escribe igual e identifiquen las diferencias:
“¿Hasta dónde son iguales?” “¿Dónde cambian estas dos palabras?”
  • El de cada cual
Se coloca una hilera de sillas igual a la cantidad de jugadores. Cada una de las sillas tiene el nombre de los participantes. Los chicos dan vueltas alrededor de las sillas y ante una señal deben sentarse en la que les corresponde. Más adelante, se pueden proponer jugar buscando el nombre de un compañero.- Una por una
El docente escribe un nombre en el pizarrón, haciéndolo de a una letra por vez. Los niños cuyo nombre la contenga tienen que ponerse de pié, en caso contrario permanecer sentados o sentarse en el momento que la maestra escriba alguna letra que no sea de su nombre. Por ejemplo: Escribe la M por lo tanto se paran María, Martín, Mirta, Mariana, Miriam... Luego escribe al lado de la M una I (MI) solo se quedan paradas Mirta y Miriam y se sienta el resto y así sucesivamente. En algún momento que se considere pertinente es posible solicitar a los niños que justifiquen su decisión de pararse o sentarse.
  • Nombres adentro de nombres Buscar nombres de personas, de objetos u otras palabras que esconden nombres: Por ejemplo: MARIANA (mar, María, Ana).
  • ¿Cómo me llamo y cómo me dicen?La maestra les facilita carteles con nombres y sobrenombre para qué descubran cuál es cuál. Por ejemplo: Federico - Fede; Manuel - Manu – Manolo; José - Pepe. Se invita a escribir otros nombres y sobrenombres, y a analizar las diferencias
  • ¿Es de mujer o de varón? Solicitar que digan nombres de mujer y de varón y Buscar el femenino de un nombre masculino y viceversa. Por ejemplo: “¿Cuál es el femenino de Daniel?”. La maestra los escribe en el pizarrón y analizan las diferencias. Otro día, les propone que lean ofreciéndoles carteles con nombres escritos en femenino y masculino para buscar dónde dice cada uno, por ejemplo, en un cartel dice Marcelo y en otro Marcela “¿Cuál es cuál?” “ ¿Por qué?”Más chico y más grande. Este juego se trata de encontrar los diminutivos, como por ejemplo Pablo, Pablito. El maestro los escribe en el pizarrón y les propone analizar qué tienen de igual y qué de diferente.
Otro día les trae pares de distintos carteles con el nombre y su diminutivo (Carlos-Carlitos, Paula-Paulita...) para que puedan leer dónde dice uno y dónde el otro. También se puede probar jugando a agrandar los nombres.
·        Escribir los nombre con letras móviles
Para realizar esta situación de escritura se podrán variar algunas condiciones:
• cada niño recibe las letras de su nombre para componerlo.
• entre un universo de letras los niños eligen las que se necesitan para escribir el propio nombre y luego el de otros compañeros (el docente varia el universo de letras dados).
• con letras preseleccionadas para efectuar la tarea (las adecuadas y que no sobre ninguna) para reflexionar juntos sobre cuáles son las que se comparten, con cuál empieza cada nombre (no importa que no sepan denominarlas, basta que empiecen a reconocer que “ésta” es la “mía”).

La intervención docente en el trabajo con el nombre propio

Es sumamente necesario que el docente intervenga en el desarrollo de estas actividades para favorecer reflexiones que ayuden a comprender el sistema de escritura.
Cada vez que el maestro interviene en el proceso de escribir el nombre o leerlo tiene el propósito didáctico de que avancen en la comprensión de las reglas que rigen nuestro sistema de escritura. Su intención no es arribar, rápidamente, al reconocimiento y escritura del nombre sino promover, a través de la comparación y la búsqueda de similitudes y diferencias, una mayor reflexión por parte de los niños.
¿Qué pasa con los niños cuando intentan escribir sus nombres? Muchos niños no pueden reproducirlo correctamente, aunque tengan el modelo a la vista, otros no tienen inconvenientes en hacerlo, algunos otros pueden escribirlo de memoria.
¿Qué pasa con los niños cuando intentan leer sus nombres?
Algunos se apoyan en distintas “pistas”: básicamente la extensión de la palabra y/o la grafía y el valor sonoro de algunas letras conocidas.
Otros niños, si bien tiene una información similar, aun no se animan o no han descubierto cómo ponerla en juego ante la situación de lectura.
—Santiago: yo sé que es mi nombre por este puntito (señalando el de la i).
—Marcos: es el mío porque empieza con la “MA”.
-Josefina: yo sé que no es éste (señalando el de José) porque el mío es más largo
Clarita: Yo no sé encontrar mi nombre. Yo no sé leer. El aula como un ambiente alfabetizador
¿Cómo interviene el docente?
El docente media en el proceso de distintas maneras:
·        Brinda confianza al no exigirles desde el primer momento la escritura y la lectura correcta.
·        Promueve la comparación, entre las escrituras de los niños y el cartel correspondiente, para analizar las letras incluidas y las ausentes, el orden en que las escribieron, la adecuación de la forma de las grafías utilizadas, etcétera.
·        Solicita que lean lo escrito, señalando con el dedo, para poner en evidencia la correspondencia que establecen entre los segmentos gráficos señalados y su lectura
·        Pide justificaciones ante las repuestas, sean éstas adecuadas o no.
·        Ofrece pistas cuando los niños no saben cómo justificar su elección
·        Ofrece información cuando al querer escribir sus nombres los niños no saben cómo es la grafía de alguna letra.
·        Confronta y contra-argumenta al comparar nombres que empiezan y/o terminan igual. Polemiza sus respuestas, a pesar de ser correctas para que busquen más indicadores que guíen su lectura
·        Abre al grupo las opiniones de los niños para favorecer el intercambio y la reflexión.
“Escriban como mejor puedan su nombre. Si algo no sale no se preocupen, voy a ayudarlos.”
“Traten de encontrar, entre estos carteles el de su nombre, para que de a poco aprendan a reconocerlo.”
“Escriban sus nombres, no pasa nada si no sale del todo bien. Después les voy a dar el cartel para que nos fijemos cómo está escrito.”
“¿Ya lo escribiste? Ahora lee señalando con tu dedo dónde dice.”
“¿Cómo te diste cuenta qué dice?”
“¿En que te fijaste?”.
“Veamos con qué empieza tu nombre.”“¿Quien puede ayudar diciéndole con cuál empieza su nombre?”“Fijémonos en el abecedario, a ver si la encontramos.”
Fijémonos en (algún nombre) para ver cómo es.”
Preguntale a algún compañero.”
“Te la escribo.”
Docente: —les doy estos dos carteles que dicen Mariana y María. ¿En cuál de ellos dice María?
Niño: —en éste (señalando María) porque empieza con “Ma” y termina con” a”
Docente: —Éste también (por Mariana) empieza con “ma” y termina con “a”.
¿No puede también decir María?
“¡Escuchen todos! Karina dice que su nombre termina igual que Silvina”.
“A los demás ¿qué les parece? ¿Cuál es la parte igual? ¿Cuál es la diferente?”

El almanaque
El almanaque es un portador de uso social, que presente en todos los hogares, ayuda a organizar nuestras vidas permitiéndonos saber cómo se suceden los días. Su presencia en el salón de clase favorece que los niños se familiaricen con él y sea posible consultar fechas para:
  •  saber qué día es
  •  recordar que el sábado y domingo no hay clases
  •  ubicar los festejos varios
  •  planificar alguna salida
  •  registrar las posibles visitas
  •  retener las fechas de cumpleaños...
La consulta con este portador de información da lugar a interesantes situaciones de interacción con la lectura y la escritura.
    • ¿Cómo presentar el almanaque?
Al escribir la fecha en el cuaderno, podemos aprovechar la oportunidad para realizar algunos intercambios con los chicos.
Posibles preguntas para iniciar el intercambio
—“¿Alguien sabe que día es hoy?”
—“¿Dónde nos podemos fijar para averiguarlo?”
—“Mañana podemos traer almanaques ¿los conocen? yo voy a buscar algunos que tengo y vean si ustedes tienen otros en sus casas que puedan traer. Los que no tienen, pueden preguntar en los negocios de sus barrios, muchos suelen tener y los regalan”.
    • ¿Cómo organizar la lectura de los almanaques?
Los almanaques conseguidos se distribuyen en pequeños grupos brindando un tiempo para explorarlos e intercambiar ideas entre ellos.
Mientras los niños trabajan el maestro recorre las mesas ayudando a leer. Presta atención a los diálogos entre los niños, intentando comprender lo que interpretan.
El docente interviene formulando interrogantes, solicitando que justifiquen lo que dicen, leyendo para verificar las interpretaciones, sean éstas adecuadas o erróneas, brindando información cuando lo cree conveniente.
Consigna de trabajo
—“Júntense de a dos y fíjense qué información tiene el almanaque que les tocó.”
Posibles preguntas
—“¿Qué les parece qué dice acá? ¿Cómo se dan cuenta?”
—“¿Por qué están estos números pintados de rojo? (aludiendo a los días feriados).”
—“¿Y este círculo? (refiriéndose a la luna) ¿Qué información brinda?”
    • La intervención con el grupo clase
Después de haber recorrido algunas mesas se extiende el intercambio a todo el grupo permitiendo que cada pareja cuente los aspectos observados en los almanaques.
De esta manera los niños van descubriendo algunas de las informaciones que traen y cómo está organizada. Por ejemplo: en uno, los días están escritos completos, mientras que en otros solo aparece la letra inicial o las tres primeras letras.
Para finalizar la actividad se puede tomar un almanaque, leer la información y señalar cómo ésta se presenta.
—“Cada pareja fíjese en su almanaque donde y cómo están escritos los días, si están con todas las letras o no.”
—“Yo los ayudo escribiendo los días en el pizarrón.”
El almanaque del aula
Es bueno contar con almanaques de circulación social en el salón de clase, pero para adecuar su uso a la vida cotidiana del aula se necesita tener o construir un almanaque propio que permita incluir en forma paulatina la información que se quiera registrar, como las salidas o eventos especiales.
Tanto la construcción de un almanaque mensual como el armado del horario semanal o el listado de las fechas de los cumpleaños dan lugar a desafiantes situaciones de lectura que giran en torno a los días de la semana y/o a los meses del año.
El aula como un ambiente alfabetizador

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