Mucho antes de que
comprendan la naturaleza del sistema alfabético, los niños pueden intentar
escribir por sí mismos con ayuda del docente y fuentes de información
disponibles.
En el aula siempre
hay una ocasión para escribir. Las situaciones de escritura se pueden
introducir bajo diversas modalidades: dictar a la maestra y a pares; reproducir
escrituras fijas (como el propio nombre, los nombres de los compañeros, de los
días y los meses; de las materias que se reiteran en días fijos todas las
semanas); tomar notas o copiar repertorios de textos que se emplearán en otras
oportunidades (datos informativos sobre un tema; inicios y finales de cuentos);
producir textos despejados (listas, rótulos, epígrafes) y textos más extensos
(cuentos, reseñas, cartas, noticia). En muchas de estas situaciones, el docente
organiza la clase para que los niños escriban solos, en parejas o en pequeños
grupos.
Es indispensable
que las situaciones de escritura coexistan en la cotidianidad del aula y sean
sostenidas en el tiempo. Es por ello que en la planificación que hemos
compartido desde nuestro primer encuentro poníamos en evidencia, además del
proyecto, actividades habituales de escritura.
Las escrituras
de los niños
Para abordar la
enseñanza de la escritura es necesario entender cómo escriben los niños al
inicio de la alfabetización y qué están pensando acerca del sistema de
escritura.
Los niños en la
“edad de la escritura” realizan considerados esfuerzos por comprender
qué es lo que la escritura representa y cómo lo representa a través de la
creación de hipótesis originales acerca del sistema de representación. Los
niños muy pequeños consiguen diferenciar la escritura de otros sistemas de
representación gráfica y establecen condiciones necesarias para que las
producciones -propias o ajenas- resulten
legibles y se
diferencien entre sí (cantidad y variedad de caracteres). Estas primeras
interpretaciones sobre lo que está escrito son dependientes de las condiciones
externas -como el contexto oral o gráfico- y de las condiciones internas, es
decir, la idea de que son los nombres los que están escritos (hipótesis del
nombre). En este proceso de construcción de sucesivas formas de diferenciación,
los niños llegan a tomar en cuenta no sólo los aspectos cuantitativos de la
escritura sino también la calidad de las marcas gráficas.
En el aula de los
primeros años conviven diferentes escrituras en relación con la comprensión de
nuestro sistema alfabético. Estas modalidades presentan problemas relativos a la
producción material: cuántas y cuáles letras se necesitan poner y en qué orden
“para que diga”.
Estas situaciones
obligan a los niños - con intervención del docente-, a poner en juego
soluciones que constituyen avances en la adquisición del sistema. La creación de
un ambiente alfabetizador La escritura no existe en el vacío sino que se presenta de manera
contextuada como un conjunto de marcas gráficas con una organización
particular.
Para que los niños
aprendan a leer leyendo y a escribir escribiendo es fundamental crear un ambiente
alfabetizador en las aulas. Para ello es indispensable contar con variados y
numerosos portadores de textos, es decir soportes materiales que portan
escrituras y que tienen nombre y función:
- cuadros con
horarios, agendas semanales, almanaques, calendarios, agendas de cumpleaños;
- libros, diarios,
revistas, envases, juegos, folletos, diccionarios;
- materiales
propios de la organización de la biblioteca del aula: fichas de libros, fichas
de lectores, inventarios, agendas de lectura, registros
de préstamo;
- rótulos, listas;
- un abecedario en
un lugar visible y al alcance de los niños;
- fichero de
nombres, bancos de datos;
- carteles con
acuerdos grupales;
-tomas de notas
colectivas, planes de escritura de textos;
-etc.
La lista resulta
muy extensa de establecer. Pero la sola presencia de estos portadores escritos
no garantiza su conocimiento. Los niños deben saber qué dice cada una de esas
escrituras. Por ejemplo: que en el calendario de cumpleaños están los meses y
saber cuáles son; que en el horario están los días de la semana, los nombres de
los maestros especiales y actividades escolares: música, plástica, comedor,
huerta o educación física. El maestro debe propiciar situaciones en las que se
recurra a estos materiales ya que los niños no lo harán espontáneamente.
Es decir, hay que
“hacerlos funcionar en el aula”, frecuentarlos, ponerlos en
uso. Para
ello hace falta una continua y sistemática interacción con los mismos en el
marco de situaciones de interpretación y producción para transformarlos en
objetos lingüísticos
-Si los niños
están listando en grupo animales de mar que desean investigar y alguno de ellos
pregunta “-¿Con cuál va ‘pulpo’? ¿Con la de ‘Pulgarcito’?” El docente puede
sugerir: -Fijate en la biblioteca que está ‘Pulgarcito.’ “
-Si están
escribiendo el final de un cuento clásico que dictaron al docente -dado que se
han acordado diferentes finales para la versión en parejas- y alguien pregunta
“¿’mágica’ va con ‘ge’ o con ‘jota’?” La docente puede sugerir que recurran a
la toma de notas donde figura “magia” y también “varita mágica”.
-Si están
completando los datos del lugar, fecha, destinatario y firmante en la
invitación para la obra de títeres –cuyo cuerpo fue dictado al docente- y
alguien pregunta “¿Cómo se escribe “jueves”? ¿Y “mayo”?” La docente puede
proponer: “Vayan al almanaque y fíjense donde dice ‘jueves’”, “En el panel de
los cumpleaños está ‘mayo’ ¿lo encontraron?”, “En tu nombre falta una letra,
fijate en tu cartel cuál es la que
te falta…”
Condiciones didácticas que propician
situaciones de escritura en el aula
- Concebir a los niños como escritores
plenos. Considerar que todos pueden escribir, cada uno con sus
posibilidades y desde sus conceptualizaciones acerca del sistema; que son
capaces de producir textos diversos en el marco de situaciones específicas
evitando
- aquellas situaciones en las que
los niños quedan posicionados como meros “copiadores” de textos
irrelevantes en situaciones de poco sentido para ellos.
- Ofrecer oportunidades para avanzar en el
aprendizaje del sistema de escritura y en el aprendizaje del lenguaje que
se escribe simultáneamente con propuestas centradas en la producción de
textos que posibiliten alternar situaciones de escritura directa y mediada
- por el docente.
- Promover la producción cooperativa de
escrituras para favorecer la confrontación de conceptualizaciones
diferentes y el intercambio de conocimientos específicos, así como la
adopción alternativa de roles diferentes: escritor y lector de la
escritura, dictante y registrador de lo que el compañero dicta.
- Propiciar un clima de confianza para que
los niños puedan escribir, solicitar y ofrecer información, confrontar
ideas sobre lo escrito, aproximándose paulatinamente a una producción
escrita cada vez más próxima a la escritura convencional. No se trata sólo
de “escribir como puedan” sino “lo mejor que puedan”.
- Propiciar el empleo de diversos soportes e
instrumentos para escribir: cuaderno, papelitos sueltos, libretas, hojas
borradores y hojas definitivas, afiches, máquinas de escribir o procesador
de texto -si las hubiere-; lápices y goma, tiza y borrador, fibrones,
equipo de letras, etc.
- Poner a disposición de los niños todas las
fuentes de información posible.
- Es necesario plantear acciones
en donde el nombre propio3 ocupe un lugar fundamental. Lejos de
constituirse en un ejercicio rutinario de identificación y copia sin
sentido, reconocer el nombre y reproducirlo de manera convencional son
situaciones didácticas que brindan valiosas oportunidades a los niños para
ampliar el conocimiento sobre el sistema de escritura. También es posible
desarrollar en el aula situaciones cotidianas en torno a otros
nombres y enunciados combinando variados soportes y alternando
los modos de organización de la clase en distintas modalidades -en
parejas, en grupos o individualmente-. En todos los casos la búsqueda y
localización de nombre propios y otros enunciados - así como también su
reproducción o copia- son situaciones didácticas que se realizan durante
todo el año escolar cumpliendo diversos propósitos.
La
construcción del aula como ambiente alfabetizador
Será
necesario poner a disposición de los niños materiales escritos que sirvan como
seguras fuentes de información y que generen una creciente autonomía en su
proceso lector y escritor.
Los
materiales que favorecen el constante intercambio y reflexión con el sistema de
escritura y el lenguaje escrito pueden ser: carteles con el propio nombre,
abecedario, rótulos, almanaques, horario semanal, carteles con los días y los
meses del año, la biblioteca áulica, carteleras...
Es
importante que la organización del aula sea un trabajo compartido con los
alumnos, por lo tanto, es una tarea recomendable para los primeros tiempos en
primer año. Para tal fin es posible planificar desafiantes situaciones de
lectura y escritura.
El
trabajo con el nombre propio
Poder
reproducir el nombre propio tiene una alta significación social y personal; es
casi un gesto inicial que introduce al niño en el mundo de la lengua escrita.
Por lo tanto, es uno de los primeros referentes utilizados para que su
escritura aparezca en el salón.
- ¿Cómo preparar los carteles
con los nombres?
Confeccionarlos
con letra de imprenta mayúscula, utilizando un soporte de un solo color y con
un mismo marcador, de forma tal que solamente las letras indiquen lo que dice.
¿Por qué
no facilitar la tarea agregando otras referencias como fotos o dibujos? Porque
el propósito didáctico es plantear una situación compleja, que genere con los
niños múltiples problemas en las sucesivas búsquedas y encuentros con el
material. El objetivo no es encontrar el nombre de manera inmediata, es
propiciar en el tiempo ricos intercambios sobre la escritura con el maestro y
los compañeros, donde una y otra vez sea posible informarse, opinar y discutir
sobre aquello que aparece escrito” (Molinari y otros, 2000).
Para el
desarrollo de las distintas actividades es útil contar con varios juegos de
carteles o tarjetas. Es importante que los carteles estén “a la vista” en
función de su propósito:
Una lista
igual a la del registro de asistencia (un poco más grande para que se pueda
ver) con nombre completo y apellido. Un registro de los meses y del nombre de
quién cumple años cada mes.
Nombres móviles pegados con chinches que
permita llevarlo a la mesa para copiarlo.
Estos nombres pueden ser ubicados debajo
de las letras del abecedario para que indiquen las iniciales.
Un fichero con fichas de datos personales.
Copiar el nombre
Los niños
empiezan a escribir sus nombres copiándolos. Copiar el nombre no es simple para
un niño que se inicia en el aprendizaje de la escritura. Para que la nueva
escritura sea una reproducción del modelo, se deben colocar de izquierda a
derecha las mismas letras en el mismo orden además de respetar la orientación y
forma de las grafías.
Resulta
provechoso permitir a los niños que lo realicen las veces que deseen, así como
regalarles el cartel para llevarlo a casa y seguir realizando intentos. La
copia del nombre se propone durante varios días hasta que, paulatinamente, se
independizan del uso del cartel y comienzan a reproducirlo de memoria
¿Cómo
enseñar a copiar el nombre?
Una buena
situación para aprender a copiar puede ser la confección de nuevas tarjetas con
el nombre (esta vez escritas por el alumno), para ser utilizadas en actividades
posteriores. Se trata de una situación de trabajo uno a uno (maestro/ niño) o
de maestro/ pequeño grupo (no más de tres). Acercarse al niño e indicarle que
tiene que escribir su nombre, de forma tal, que quede igual que en el cartel.
“Voy a
empezar por ésta, la voy a hacer lo más parecida posible, ¿cómo me salió?, ¿te
parece que está igual? Ahora voy a hacer esta otra”.
A veces
el maestro hace una “poco parecida” y, a partir de los comentarios del nene
—“este palito está mal; la panza es para el otro lado”— la borra y vuelve a
trazarla. Luego lo invita a participar en la reproducción de una de las letras,
incluso tapando las otras para que pueda concentrarse en el trazado lo más
parecido posible de la que está intentando. El docente interviene para poner en
primer plano la convencionalidad de los signos y la pertenencia a un
restringido universo de signos —los que sirven para escribir— por ejemplo:
“¿Cómo te salió? ¿Te parece que está igual?”
Es
importante saber que si las grafías no salen del todo bien se puede borrar e
intentarlo nuevamente. Y, en todo caso, habrá muchas otras oportunidades para
realizarlas y aprenderlas.
Para los
niños que ya saben escribirlo resulta más desafiante la propuesta de copiar o
atreverse a escribir por sí mismos, el nombre de algún compañero o el del
docente.
Actividades habituales donde se leen y
escriben los nombres
- Tomar
lista:
Distribuir
en una superficie adecuada los carteles con los nombres de todos los alumnos:
“Cada
uno va a buscar el suyo para colocarlos en el lugar de los presentes del día”
“¿Cuáles quedaron?” “¿Dónde los ponemos?”
-
Organizar los grupos de trabajo:
Escribir
en el pizarrón los nombres de los integrantes de los diferentes grupos de
trabajo.
“Hoy van
a trabajar en grupos, cada uno se fija donde está incluido”
-
Distribuir tareas:
Poner en
una bolsa tarjetas con los nombres, a medida que se van proponiendo actividades
se saca una tarjeta y se pregunta:
“¿Quién
la va a realizar?” “¿Quién cuenta un cuento?” “¿Quién será el bibliotecario
esta semana?”
- Identificar pertenencias:
Es
posible rotular los útiles escolares, escribir los nombres de los integrantes
del grupo en una producción escrita, firmar los trabajos individuales, entre
otras situaciones.
- Anotar su nombre en el
registro de préstamo y devolución de libros.
- Leer los nombres para
confeccionar la lista de cumpleaños.
Actividades
independientes donde se leen y escriben los nombres
- El juego de las pistas
Consiste
en adivinar el nombre elegido a partir de algunos datos. La idea es que se den
pistas vinculadas a los segmentos orales que lo conforman, como por ejemplo: la
sílaba inicial y /o final. Si no adivinan se agregan más pistas: “Empieza
con la de... y sigue con la de...”Es conveniente que el maestro comience
con su propio nombre para que los alumnos comprendan las características del
juego y luego invitarlos a que se animen a seguir jugando ellos. Si los niños
dicen la palabra completa o dan demasiadas pistas, se les advierte que si dan
muchos datos el juego no tiene gracia, que hay que intentar hacerlo más
difícil. El docente escribe lo que los niños van diciendo y las respuestas que
van dando.
Es
importante en las situaciones de interpretación pasar progresivamente de un
universo restringido a uno amplio. Por ejemplo, recibir y reconocer el propio
nombre, luego reconocerlo entre los de su mesa y posteriormente distinguir el
suyo entre los de las nenas o los varones o a reconocerlo entre todos los de la
clase. El
aula como un ambiente alfabetizador
- ¿Rima o no rima?
Se
piensan rimas con los nombres de cada niño. Comienza el maestro y continúan los
niños. Por ejemplo: Mabel - papel; Juan – pan; Karina- cocina A continuación,
pueden escribir en el pizarrón las palabras rimadas para que observen que las
partes que se pronuncian igual se escribe igual e identifiquen las diferencias:
“¿Hasta
dónde son iguales?” “¿Dónde cambian estas dos palabras?”
- El de cada cual
Se coloca
una hilera de sillas igual a la cantidad de jugadores. Cada una de las sillas
tiene el nombre de los participantes. Los chicos dan vueltas alrededor de las
sillas y ante una señal deben sentarse en la que les corresponde. Más adelante,
se pueden proponer jugar buscando el nombre de un compañero.- Una por una
El
docente escribe un nombre en el pizarrón, haciéndolo de a una letra por vez.
Los niños cuyo nombre la contenga tienen que ponerse de pié, en caso contrario
permanecer sentados o sentarse en el momento que la maestra escriba alguna
letra que no sea de su nombre. Por ejemplo: Escribe la M por lo tanto se paran María,
Martín, Mirta, Mariana, Miriam... Luego escribe al lado de la M una I (MI) solo se quedan
paradas Mirta y Miriam y se sienta el resto y así sucesivamente. En algún
momento que se considere pertinente es posible solicitar a los niños que
justifiquen su decisión de pararse o sentarse.
- Nombres adentro de nombres Buscar
nombres de personas, de objetos u otras palabras que esconden nombres: Por
ejemplo: MARIANA (mar, María, Ana).
- ¿Cómo me llamo y cómo me
dicen?La maestra les facilita carteles con nombres y sobrenombre
para qué descubran cuál es cuál. Por ejemplo: Federico - Fede; Manuel -
Manu – Manolo; José - Pepe. Se invita a escribir otros nombres y
sobrenombres, y a analizar las diferencias
- ¿Es de mujer o de varón? Solicitar
que digan nombres de mujer y de varón y Buscar el femenino de un nombre
masculino y viceversa. Por ejemplo: “¿Cuál es el femenino de Daniel?”.
La maestra los escribe en el pizarrón y analizan las diferencias. Otro
día, les propone que lean ofreciéndoles carteles con nombres escritos en
femenino y masculino para buscar dónde dice cada uno, por ejemplo, en un
cartel dice Marcelo y en otro Marcela “¿Cuál es cuál?” “ ¿Por qué?”Más
chico y más grande. Este juego se trata de encontrar los diminutivos,
como por ejemplo Pablo, Pablito. El maestro los escribe en el pizarrón y
les propone analizar qué tienen de igual y qué de diferente.
Otro día
les trae pares de distintos carteles con el nombre y su diminutivo
(Carlos-Carlitos, Paula-Paulita...) para que puedan leer dónde dice uno y dónde
el otro. También se puede probar jugando a agrandar los nombres.
·
Escribir los nombre con letras móviles
Para
realizar esta situación de escritura se podrán variar algunas condiciones:
• cada niño
recibe las letras de su nombre para componerlo.
• entre un
universo de letras los niños eligen las que se necesitan para escribir el
propio nombre y luego el de otros compañeros (el docente varia el universo de
letras dados).
• con
letras preseleccionadas para efectuar la tarea (las adecuadas y que no sobre
ninguna) para reflexionar juntos sobre cuáles son las que se comparten, con
cuál empieza cada nombre (no importa que no sepan denominarlas, basta que
empiecen a reconocer que “ésta” es la “mía”).
La
intervención docente en el trabajo con el nombre propio
Es
sumamente necesario que el docente intervenga en el desarrollo de estas
actividades para favorecer reflexiones que ayuden a comprender el sistema de
escritura.
Cada vez
que el maestro interviene en el proceso de escribir el nombre o leerlo tiene el
propósito didáctico de que avancen en la comprensión de las reglas que rigen
nuestro sistema de escritura. Su intención no es arribar, rápidamente, al
reconocimiento y escritura del nombre sino promover, a través de la comparación
y la búsqueda de similitudes y diferencias, una mayor reflexión por parte de
los niños.
¿Qué pasa
con los niños cuando intentan escribir sus nombres? Muchos
niños no pueden reproducirlo correctamente, aunque tengan el modelo a la vista,
otros no tienen inconvenientes en hacerlo, algunos otros pueden escribirlo de
memoria.
¿Qué pasa
con los niños cuando intentan leer sus nombres?
Algunos
se apoyan en distintas “pistas”: básicamente la extensión de la palabra y/o la
grafía y el valor sonoro de algunas letras conocidas.
Otros
niños, si bien tiene una información similar, aun no se animan o no han
descubierto cómo ponerla en juego ante la situación de lectura.
—Santiago:
yo sé que es mi nombre por este puntito (señalando el de la i).
—Marcos:
es el mío porque empieza con la “MA”.
-Josefina:
yo sé que no es éste (señalando el de José) porque el mío es más largo
Clarita:
Yo no sé encontrar mi nombre. Yo no sé leer. El aula como un ambiente
alfabetizador
¿Cómo interviene el docente?
El
docente media en el proceso de distintas maneras:
·
Brinda confianza al no
exigirles desde el primer momento la escritura y la lectura correcta.
·
Promueve la comparación, entre las
escrituras de los niños y el cartel correspondiente, para analizar las letras
incluidas y las ausentes, el orden en que las escribieron, la adecuación de la
forma de las grafías utilizadas, etcétera.
·
Solicita que lean lo escrito, señalando
con el dedo, para poner en evidencia la correspondencia que establecen entre
los segmentos gráficos señalados y su lectura
·
Pide justificaciones ante las
repuestas, sean éstas adecuadas o no.
·
Ofrece pistas cuando
los niños no saben cómo justificar su elección
·
Ofrece información cuando al
querer escribir sus nombres los niños no saben cómo es la grafía de alguna
letra.
·
Confronta y contra-argumenta al
comparar nombres que empiezan y/o terminan igual. Polemiza sus respuestas, a
pesar de ser correctas para que busquen más indicadores que guíen su lectura
·
Abre al grupo las
opiniones de los niños para favorecer el intercambio y la reflexión.
“Escriban
como mejor puedan su nombre. Si algo no sale no se preocupen, voy a ayudarlos.”
“Traten
de encontrar, entre estos carteles el de su nombre, para que de a poco aprendan
a reconocerlo.”
“Escriban
sus nombres, no pasa nada si no sale del todo bien. Después les voy a dar el
cartel para que nos fijemos cómo está escrito.”
“¿Ya lo
escribiste? Ahora lee señalando con tu dedo dónde dice.”
“¿Cómo te
diste cuenta qué dice?”
“¿En que
te fijaste?”.
“Veamos
con qué empieza tu nombre.”“¿Quien puede ayudar diciéndole con cuál empieza su
nombre?”“Fijémonos en el abecedario, a ver si la encontramos.”
Fijémonos
en (algún nombre) para ver cómo es.”
Preguntale
a algún compañero.”
“Te la
escribo.”
Docente:
—les doy estos dos carteles que dicen Mariana y María. ¿En cuál de ellos dice
María?
Niño: —en
éste (señalando María) porque empieza con “Ma” y termina con” a”
Docente:
—Éste también (por Mariana) empieza con “ma” y termina con “a”.
¿No puede
también decir María?
“¡Escuchen
todos! Karina dice que su nombre termina igual que Silvina”.
“A los
demás ¿qué les parece? ¿Cuál es la parte igual? ¿Cuál es la diferente?”
El
almanaque
El almanaque
es un portador de uso social, que presente en todos los hogares, ayuda a
organizar nuestras vidas permitiéndonos saber cómo se suceden los días. Su
presencia en el salón de clase favorece que los niños se familiaricen con él y
sea posible consultar fechas para:
- saber qué día es
- recordar que el sábado y
domingo no hay clases
- ubicar los festejos varios
- planificar alguna salida
- registrar las posibles visitas
- retener las fechas de
cumpleaños...
La
consulta con este portador de información da lugar a interesantes situaciones
de interacción con la lectura y la escritura.
- ¿Cómo presentar el almanaque?
Al
escribir la fecha en el cuaderno, podemos aprovechar la oportunidad para
realizar algunos intercambios con los chicos.
Posibles
preguntas para iniciar el intercambio
—“¿Alguien
sabe que día es hoy?”
—“¿Dónde
nos podemos fijar para averiguarlo?”
—“Mañana
podemos traer almanaques ¿los conocen? yo voy a buscar algunos que tengo y vean
si ustedes tienen otros en sus casas que puedan traer. Los que no tienen,
pueden preguntar en los negocios de sus barrios, muchos suelen tener y los
regalan”.
- ¿Cómo organizar la lectura de
los almanaques?
Los
almanaques conseguidos se distribuyen en pequeños grupos brindando un tiempo
para explorarlos e intercambiar ideas entre ellos.
Mientras
los niños trabajan el maestro recorre las mesas ayudando a leer. Presta
atención a los diálogos entre los niños, intentando comprender lo que
interpretan.
El
docente interviene formulando interrogantes, solicitando que justifiquen lo que
dicen, leyendo para verificar las interpretaciones, sean éstas adecuadas o
erróneas, brindando información cuando lo cree conveniente.
Consigna
de trabajo
—“Júntense
de a dos y fíjense qué información tiene el almanaque que les tocó.”
Posibles
preguntas
—“¿Qué
les parece qué dice acá? ¿Cómo se dan cuenta?”
—“¿Por
qué están estos números pintados de rojo? (aludiendo a los días feriados).”
—“¿Y este
círculo? (refiriéndose a la luna) ¿Qué información brinda?”
- La intervención con el grupo
clase
Después
de haber recorrido algunas mesas se extiende el intercambio a todo el grupo
permitiendo que cada pareja cuente los aspectos observados en los almanaques.
De esta
manera los niños van descubriendo algunas de las informaciones que traen y cómo
está organizada. Por ejemplo: en uno, los días están escritos completos,
mientras que en otros solo aparece la letra inicial o las tres primeras letras.
Para
finalizar la actividad se puede tomar un almanaque, leer la información y
señalar cómo ésta se presenta.
—“Cada
pareja fíjese en su almanaque donde y cómo están escritos los días, si están
con todas las letras o no.”
—“Yo los
ayudo escribiendo los días en el pizarrón.”
El
almanaque del aula
Es bueno
contar con almanaques de circulación social en el salón de clase, pero para
adecuar su uso a la vida cotidiana del aula se necesita tener o construir un
almanaque propio que permita incluir en forma paulatina la información que se
quiera registrar, como las salidas o eventos especiales.
Tanto la
construcción de un almanaque mensual como el armado del horario semanal o el
listado de las fechas de los cumpleaños dan lugar a desafiantes situaciones de
lectura que giran en torno a los días de la semana y/o a los meses del año.
El aula
como un ambiente alfabetizador
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